Cuando parece que Dios se olvidó de su promesa
Entonces Dios le dijo a Abraham:
«Con respecto a Sarai, tu esposa, su nombre no será más Sarai. A partir de ahora, se llamará Sara. Y yo la bendeciré, ¡y te daré un hijo varón por medio de ella! Sí, la bendeciré en abundancia, y llegará a ser la madre de muchas naciones. Entre sus descendientes, habrá reyes de naciones».
Génesis 17:15-16 NTV
Si eres madre o padre sabes a que me refiero… juguetes por todos lados, rutinas, dias interminables, consolar llantos, besos llenos de lágrimas (y en algunas ocasiones de mocos), enseñar a caminar y hablar, abrazos inesperados, risas contagiosas, celebrar logros, sorprenderte con sus ocurrencias … en resumen la crianza. Tu corazón experimentando muchas emociones y aprendiendo cada día a hacerlo mejor.
Como padres, hoy tenemos muchas herramientas, recursos, libros y plataformas que antes no existían. Eso nos ayuda a comprender el desarrollo infantil de una forma más clara, haciéndonos más asertivos sin enloquecer en el proceso.
Mi hijo mayor tenía casi dos años. Apenas hacía unos meses había empezado a caminar… y quería explorarlo ¡todo!
Si piensan que un bebé da trabajo, ¡espera a que camine!
Deténgalo cuando suba por las escaleras. ¡cuidado cuando trepe a las sillas! Aléjenlo de la cocina.
¡Y que no abra los gabinetes!
Tienen tanta energía que a veces se necesita más de una persona para contenerlos. Mantenerlos a salvo no es tarea fácil.
La casa se convierte en un campo minado. Cualquier cosa representa un peligro, y ellos parecen tener un imán para el riesgo.
Según las expertas en crianza, la mejor manera de canalizar tanta energía es pasar tiempo en espacios abiertos. Eso significa una sola cosa: llevarlos al parque.
Afortunadamente, vivimos cerca de uno, no es muy grande, pero cumple su cometido: un espacio perfecto para que agoten su batería.
Y ahí estaba yo con mi rutina: llevarlo al parque todos los días a explorar, para que practicará su nueva habilidad: ¡caminar!
Recuerdo muy bien ese día: él estaba parado tras la puerta principal de la casa dando golpes con su dos manitas, como si intentara abrirla. Quizá buscaba recordarme que ya era hora de salir o tal vez simplemente disfrutaba del sonido.
Una de las cosas que he aprendido de crianza es anticipar al niño. Preparar su cerebro con nuestras indicaciones.
Él ya estaba listo para salir, así que muy anticipada:
-Hijo- le dije mientras tomaba sus manos-, te voy a llevar al parque. ¡vamos al parque!
Sus ojos se iluminaron.
Continúe…
-Pero estamos sin zapatos debemos colocarnos los zapatos primero.
Lo retire de la puerta para ponérselos…y ahí, todo su mundo se derrumbó.
Empezó a llorar, pero no era cualquier llanto, era un llanto de desilusión y tristeza, porque en ese instante el sintió que ya no íbamos al parque
-Sí vamos al parque, mi amor. Solo dame un momento para ponerte los zapatos…
Pero no lograba calmarse. No lograba entender que aquello que tanto anhelaba, si iba a suceder, solo necesitaba esperar.
¡Claro! un niño a esa edad no tiene noción del tiempo. No saben de mañana, de ayer, de horas, o de minutos.
Su joven cerebro aún no puede procesarlo. Aun no tiene la capacidad de entender nuestro tiempo. Solo conoce el suyo: el ahora.
Me vi a mi misma buscando recursos para poder explicar justamente eso: » el tiempo». Qué va primero y qué va después. Que esperar no significa que no va a suceder, solo que va a suceder un poco más tarde.
Tuve la sensación de incapacidad al querer encontrar la forma que me permitiera hacerle entender ese instante y calmar su llanto, pero eso no iba a suceder, no en ese momento de desarrollo de su cerebro (sucedió unos meses más tarde).
Una Visita Inesperada… Una Promesa Eterna
Era Sara de unos 65 años y Abraham de 75 cuando un bendito día Dios los visitó.
Abraham se sentó con Él y compartieron una comida. Personalmente me gusta imaginar ese momento compartiendo un café, por favor, permítanme esa libertad literaria,
Un pequeño coffee break en medio del atareado día de Abraham: después de revisar el pastoreo de las ovejas, organizar cuentas, dar directrices a sus empleados, revisar las tierras y la producción, atender uno que otro inconveniente… y de pronto, una visita divina que interrumpe su rutina y lo invita a una pausa a cielo abierto.
-Que tal tu día Abraham?
-Lo de siempre, Señor. ¿Qué tanto trabajo puede dar miles de ovejas y tierras?
Abraham sonríe y su mirada es expectante.
Mientras tanto Sara observa desde lejos que todo vaya bien. Después de todo, ese café que toman… lo había preparado ella. (aquí otra libertad literaria)
-¿Cuánto tiempo llevas casado con Sarah?
-Varios años, Señor.
-Felicidades por tantos años juntos.
-Abraham-dijo el Señor con una sonrisa-, voy a hacer tu vida de casado aún más emocionante. Te daré un hijo varón de tu esposa Sara.
Abraham se sorprendió y Sara sonrió. Ya no eran tan jóvenes para ser padres.
Fue así como esa inesperada visita, se convirtió en una promesa, un tanto inverosímil considerando sus edades. Pero era la respuesta al anhelo del corazón de ambos.
Dicen que conocemos y empezamos a entender un poco más de Dios cuando somos padres, y es Jesús quien nos compara y nos hace ver la paternidad divina del lado correcto:
«Pues si ustedes, aun siendo malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más su Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que le pidan!»
mat.7.11.NVI
Esta declaración que hace Jesús resalta la bondad divina, y nos recuerda los deseos del corazón del Padre hacia nosotros
“Él nos da cosas buenas a los que le pedimos «
Sin embargo, quizás has sentido que aquello que Dios habló sobre tu vida se ha diluido con el tiempo.
Para Abraham y Sarah fueron 25 años desde el día que recibieron la visita de Dios, Hasta el día que llego Isaac, su primogénito.
Veinticinco años en los que debieron confiar y esperar, atravesar el desierto de la duda, sobrevivir a la tormenta de los pensamientos lógicos debido a su edad.
A mi hijo le tomaron alrededor de treinta minutos desde el momento en que le dije que iríamos al parque hasta el momento que salimos
Treinta minutos en los que estuvo inconsolable, si tan solo él hubiera podido entender.
Para ti quizá han pasado dias, meses, o incluso años esperando que se cumpla aquello que has pedido.
Lo álgido de este asunto es que, mientras esperamos, nuestra mente se inunda de pensamientos que hacen ruido. Esos pensamientos nos hacen dudar y juegan en nuestra contra.
Cuando la duda se anida en el corazón, se convierte en ansiedad, nubla la razón, y apaga la fé.
Sucedió con Sara. En su intento por adelantar lo que Dios había dicho, actuó a su manera, envió a Abraham a tener un hijo con su empleada Agar, creando para sí misma y para su pueblo un problema que aun hoy tiene repercusiones.
Génesis 16-18
Si somos honestos, nosotros pudimos haber actuado de la misma manera en su lugar. De hecho, si lo pensamos bien, también hemos tomado decisiones erradas en medio de la desesperanza. Creyendo que Dios cambió Su plan.
Pero aquí está la buena noticia:
¡Él no se ha olvidado!
Lo que Él dijo sigue en pie
Solo que no tenemos el panorama completo… y su tiempo no es el mismo nuestro.
Pero no olviden, queridos hermanos, que para el Señor un día es como mil años y mil años, como un día. El Señor no tarda en cumplir su promesa, según entienden algunos la tardanza.
Más bien, él tiene paciencia con ustedes.
2 Pedro 3:8-9 NVI
Tratar de explicarle a un niño el tiempo es casi imposible, su cerebro aún no ha desarrollado esa parte que le permite comprender.
Lo mismo sucede con nosotros cuando Dios habla y no ocurre de inmediato.
Somos incapaces de comprender como funciona Su reloj.
Nos pasa como ese niño que llora desconsolado.
Dudamos de la fidelidad de Dios, contendemos con Él, lloramos, nos entristecemos, nos frustramos…y el ciclo se repite.
Pero Él está ahí, nuestro Abba, nuestro Padre. Con amor, consolándonos, Él, con ese mismo amor sigue a nuestro lado.
-Confía- parece susurrar Dios-, yo estoy a cargo.
Él sabe que nos cuesta entender Su ritmo. Por eso nos pide que confiemos, y que recordemos Su palabra.
Finalmente, no logré calmar a mi hijo. En medio de sus lágrimas de desilusión lo abracé, lo senté en mis piernas y, mientras el lloraba en mi pecho, le colocaba sus zapatos.
Luego lo tome en mis brazos y salimos de casa rumbo al parque
Su llanto cesó cuando sintió la luz del sol en su rostro.
¿Ves? Vamos camino al parque
Levantó la mirada y sonrió.
Mamá había cumplido lo que dijo.
Dios Tampoco Se Ha Olvidado De Ti
Dios no se ha olvidado de ti, ni de lo que depositó en tu corazón.
Solo necesitas confiar en Su Palabra.
Es vital recordar quien es El.
Ten presente que el cielo tiene un ritmo distinto al nuestro.
Permítete “ponerte los zapatos” en paz, sabiendo que lo que Él habló se cumplirá
No tienes que entenderlo todo.
Solo necesitas confiar en el proceso y saber que Dios guía tu vida hacia un futuro lleno de paz
Pues yo sé los planes que tengo para ustedes—dice el Señor—. Son planes para lo bueno y no para lo malo, para darles un futuro y una esperanza
Jeremías 29:11
Que tu corazón descanse hoy en Su palabra, aunque todo parezca incierto.
Recuerda:
Su tiempo jamás llega tarde.
Su tiempo llega alineado, preciso…
perfecto.
¡Confía!


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